La inversión no es una actividad exenta de riesgos. No existen fórmulas mágicas, pero sí sabemos que, invirtiendo a largo plazo, mejoran nuestras probabilidades de obtener retornos positivos.
A un plazo de inversión de 10 años sobre el S&P500, desde 1970 a la actualidad, en menos del 6,5% de los casos habríamos obtenido rentabilidades nominales negativas y, sin embargo, en más del 80% de los casos habríamos obtenido rentabilidades superiores al 50% (y, en un 60% superiores al 100%). Esta rentabilidad es muy superior a la obtenida por la mayoría de los inversores que, entrando y saliendo, acaban perdiéndose gran parte del proceso.
Sólo cuando miramos en el largo plazo, nos damos cuenta de lo que realmente importa en este juego:
La constancia, la inversión racional y sistemática y el no dejarse llevar por las emociones.
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